Estado, Nación, poder y Diversidad

 

JOSÉ JUSTO CALDERÓN DONGO

Multiversidad Autónoma MARCA

Vilcabamba, Verano del 2007

 

 

 A los amigos leales de Llapanchik

A los amigos imprescindibles de Lima: Edmundo Murrugarra y Vicente Otta

A los amigos de Samán-Puno

A los amigos de Maranura-Cusco

A los amigos Machigengas del Cusco

A los amigos de Vilcabamba

A los amigos de Abancay

A los amigos de Ayacucho

A los amigos del norte

A los amigos y pueblos todos del oriente del Perú

A los amigos de Ecuador y Bolivia

A los amigos de Venezuela

A los amigos de Paraguay: Javier Arasic y Rocío Casco

A los amigos de México: Any y Oscar

A los amigos de las Naciones Originarias de Norte América

A los amigos de Bélgica: Cobe y Cho

A los amigos de Alemania y de Jaime

A los amigos de Dinamarca Karsten y Lycely

A los amigos que aún no conocemos

A todos ellos y con todos ellos MARCA aprendió lo que auténticamente era la diversidad.

 

 

PREFACIO

 

El presente trabajo es una urgencia de pronunciarse sobre la problemática general de los Andes-Amazonía. Habiendo muchas interpretaciones, recetas, planteamientos, e hipótesis sobre las alternativas para poder cambiar los andes-amazonía en general, y nuestro país en particular, hasta convertirnos en ejemplo de desarrollo y modernidad, siendo todos y cada uno de los diseños inevitablemente ajustados al modelo occidental, único y perfecto.

 

Frente a un proyecto monoverso, que trasciende ideas y planteamientos y que carcome y gangrena culturas e identidades, es hora de empezar a decir que no todo es monocorde, es más no debe serlo, pues de convertirnos en un mundo único (monocultural, monopolítico, y monoeconómico), el final es irreparable. Por eso el presente documento es uno de varios documentos que prometemos entregar en plazos irremediablemente adversos a nuestra voluntad, pues una de las víctimas más vulnerables de la mala distribución de la riqueza económica es la investigación y la búsqueda de “otras” formas de vivir y de ordenar la sociedad.

 

Otro de los peligros que hoy enfrentamos es la criminalización que sufre todo intento de plantear transformaciones, esta demonización es tan evidente como bestial en el orden moderno mundial. Nuestra propuesta se inscribe en estos conatos de pensar, ordenar y trabajar por otra realidad, por eso sabemos que estamos corriendo riesgos y pisando terrenos sombríos. Pero incluso en aquellos tramos, allí habremos de ver optimismo, posibilidad, y vida.

 

Este, reiteramos, es un documento urgente, escrito para todos aquellos rebeldes, contestatarios y revolucionarios de hoy, para que podamos ir pensando diferente, para que podamos ir planeando mejor nuestros cambios y ordenado óptimamente nuestra sociedad. Pero con nuestro propio cerebro. Es urgente además, porque entendemos que es la única forma realizable de hacerle frente al mayor enemigo de la vida: el Proyecto Monoverso del Imperio.

 

Pleno de la Multiversidad MARCA

 


 

INCARRI, AMARO Y PACHACUTI

 

Nuestros mitos fundacionales.

 

Al principio era Incarri. Éramos un solo cuerpo, una sola forma de ser y de vivir, éramos una sola historia, Incarri tenía cabeza, tronco y extremidades, Incarri éramos todos, todos formábamos parte de Incarri; hasta que llegaron ellos, y allí Incarri fue descuartizado y repartido en pedazos por todo nuestro territorio, dicen que su cabeza fue enterrada en alguna parte de la cordillera, que sus brazos fueron esparcidos por la costa, que sus piernas se echaron al mar y a la cocha Titicaca, que su tronco lo repartieron por la amazonía. La Pachamama lloró desconsoladamente durante 50 años, Incarri había sido descuartizado.

 

Entonces nació Amaro. La serpiente mítica y sagrada, que tiene dos cabezas (una adelante y la otra atrás), viaja por toda la tierra juntando las diversas partes del Incarri. Viaja por debajo de la tierra, por encima de la tierra, por el agua, por el aire. La cabeza de adelante guía, la de atrás permanece en constante vigilia. Amaro recorre los andes incansablemente para unir las distintas partes de Incarri, de nuestra gran Cultura de Culturas. Amaro es hasta ahora, ahora es hasta Amaro. El dios Serpiente Amaro logrará juntar a Incarri y cuando lo haga, empezará un nuevo tiempo, el tiempo de Pachacuti.

 

Pachacuti arriba cada 500 años. Es el retorno del tiempo que nos fue arrebatado violentamente, estos tiempos volverán, no serán los mismos porque el tiempo no retorna siempre igual, pero volverá en la forma de terremotos y cambios profundos de Pachamama. El tiempo de Pachacuti es el tiempo que ahora estamos viviendo. Ese tiempo es ahora.

 

Incarri fue al principio, una vez descuartizado Amaro llegó para reunirlo y arribar al tiempo ineluctable de Pachacuti.

 

I. NACIÓN

 

1. Reflexión Previa

 

Cuando los españoles llegaron a América, en este continente se atravesaban procesos particulares que la mentalidad española no logró entender a cabalidad, y más aún, en la actualidad estos procesos son ininteligibles, o simplificados a criterios que el pensamiento occidental a regulado. La construcción de las identidades “nacionales” aquí en esta parte del mundo estaban por realizarse, todo o mucho de lo asegurado hasta este momento sobre los “imperios-naciones” de América son una invención de esa parcializada y occidental forma de pensar impuesta hace 500 años.

 

La nación en América estaba articulándose desde mucho tiempo atrás, no sólo siglos antes, sino milenios. La construcción de este y otros procesos estaba garantizado por el tiempo. Se sabe ahora que podemos contar con aproximadamente 12 mil años de proceso de formación de identidades culturales, económicas, así como de identidades “nacionales”. Doce mil años, frente a 500 años, doce milenios contrastando con medio milenio. La comparación no es absurda ni meramente cuantitativa, pues asumir el reto de reflexionar sobre la Nación en América es un vertedero de agua cristalina o puede convertirse en un albañal de suposiciones y engaños, sino se parte de la Historia, de la auténtica por supuesto.

 

2. Nación en los Andes

 

Primero

 

La Nación en los Andes Amazonía, y en América en general, es un proceso histórico que no surge desde el famoso descubrimiento de nuestro continente y su posterior conquista; emerge desde hace milenios atrás, doce aproximadamente. La visión inculcada por occidente de hacernos pensar en la historia desde 1492, de obligarnos a pensarnos Nación en tanto inicie con nuestro parentesco europeo de por medio, no solo es una aberración sino una absurda orientación a la deshistorización y a la colonización mental.

 

Segundo

 

Lo antes anotado, expresa inherentemente tres procesos: referirnos al proceso autónomo (previo a la irrupción de los europeos); desarrollar el proceso de interrupción violenta y violentada (la irrupción de los europeos); para finalmente, concluir que tanto la raigambre, como la ruptura forzada, son elementos que ahora forman parte del proceso de construcción de la Nación contemporánea, que se debe analizar con agudeza amplia y profunda.

 

A.- Proceso Autónomo

 

Los humanos en este continente datan desde hace 22 mil años aproximadamente, aunque se sabe que las primeras migraciones suceden hace 30 mil años. Sin embargo hemos tomado la fecha de 12 mil años no arbitrariamente, sino en razón de que para ese periodo gran parte del continente ya estaba poblado.

 

Las poblaciones de todo este continente se van a diferenciar unas de otras, como en muchas partes del mundo. Sin embargo el territorio común que comparten es -dentro de las complejidades específicas-, un espacio geográfico similar en varios aspectos, a saber, las geografías intrincadas, que son o de terreno montañoso o de terreno selvático. Salvo la zona central de Norte América, de llanuras y largas planicies, pero coronada por los Montes Apalaches al Este y las cordilleras de la Cadena Costera y de la Sierra Nevada, entre otras, al Oeste.

 

Así algunas unidades de territorio más o menos homogéneo van a dar como resultado identidades culturales y productivas (tanto en agricultura como en ganadería), es decir compartir condiciones materiales de existencia comunes, que se encuentran y con las que se interactúa en un territorio común, va a dar por resultado la identificación de unos hombres con otros, no sólo localmente sino incluso abarcando grandes espacios geográficos (caso de los Mayas, los Aztecas, o el Tawantinsuyu).

 

Esto va a determinar el entroncamiento de una historia común, que narrada a través de cuentos, oralidades varias, danza, canto, u otras manifestaciones; van a asegurar el compartir con las generaciones por venir.

 

Para que todo esto ocurriera fue indispensable la regulación social mediante un lenguaje, un pensamiento y un trabajo determinado, es decir una cultura sostenida en un idioma común.

 

Así tenemos que las unidades territoriales, con determinadas condiciones materiales de existencia, van a interactuar con la humanidad en pleno proceso de desarrollo, creando en esta interacción historia y cultura, idioma y pensamiento común. Observando en estas etapas iniciales una correspondencia armónica totalizadora: la relación del hombre con los elementos que formaban parte de la naturaleza era de parentesco y de equidad.

 

En este punto debemos hacer una especial inflexión en la narración del texto, para explicitar el sostenimiento mismo de esta razón en el que estaba afirmada el modelo social:

 

a: El desarrollo de condiciones sedentarias involucró la observación como principal instrumento de transformación y autotransformación. Aquí en este territorio se levantó una sociedad y un modelo social solo y a partir de la instrumentación de la observación [1]. Infiriendo a través de este extraordinario instrumento que la única forma de interactuar era a través de lo que ahora manidamente se denomina reciprocidad, que no es sino el sistema social basado en la equidad de relaciones sociales y ecológicas.

 

2: Otra de las conclusiones producto de la observación –pero que por su importancia es necesario ponerlo aparte- es el descubrimiento de la diversidad, como el principal recurso o condición material de existencia fundamental para sostener la vida natural y social.

 

Largos fueron los siglos de interminables aprendizajes, búsquedas de conocimientos adecuados para ser aplicados, aprendidos y transmitidos a las generaciones por venir. Aún no se ha llegado a saber a ciencia cierta el avance que se logró en esta etapa para ordenar coherentemente a la sociedad y desde ésta las relaciones con el medio. En la actualidad los intereses por aprender de esta etapa a estado subordinado a las ambiciones subalternas del mercado internacional, de allí que se asuma como reciente el descubrimiento de que somos “diversos” o que nuestra “naturaleza” es megabiodiversa; cuando fue uno de los cimientos más sólidos que se sostuvo todo el edificio social, no solo ordenando la producción, sino a la sociedad misma.

 

La diversidad, es hoy el gran dilema ideo-político; la diversidad constituye la riqueza más invisibilizada y el potencial más escondido; la diversidad es hoy el problema fundamental y decisivo para establecer un programa con objetivos claros, con ideales propios y autónomos; la diversidad es la fuerza milenaria infalible al proceso andino-amazónico.

 

B.- Proceso de Irrupción Violenta

 

Aquí tenemos muy poco que decir, cuando los europeos entraron en nuestra historia, ellos nos sentenciaron a olvidarla, negaron nuestra historia, nuestro cantos, danzas, creencias, sabiduría, cuentos, y todo lo demás; nuestros logros más grandes fueron mal interpretados por su ignorancia, y nos obligaron a desconocernos, prohibiendo pensar y pensarnos, enajenaron nuestro lenguaje y nos transculturizaron, obligándonos a usar en el comercio de la palabra un solo idioma. En gran parte del continente –negando diametralmente las unidades territoriales ya establecidas–, fuimos compelidos a pensar como ellos, y finalmente, a concebirnos bajo sus condiciones materiales de existencia, es decir a negar y avergonzarnos de nuestro territorio montañoso, selvático, o variado; ellos nos habituaron a sus paladares, y nos aleccionaron que todo lo que nosotros habíamos vivido antes era bárbaro y criminal, por el mero hecho de no haberlo vivido con ellos.

 

Así con el paso del tiempo, nuestra historia, nuestro espacio geográfico y nuestra cultura fue criminalizada poco a poco, extirpada y demonizada.

 

Nuestra racionalidad quedó suplantada por la occidental, nuestro ordenamiento mental, lingüístico y nuestra actividad misma quedó íntimamente normada por la racionalidad cartesiana. Siendo los principales enemigos lapidados y enajenados hasta convertirlos en nada: las bases indispensables de este modelo social: la diversidad y el instrumento científico-tecnológico de la observación.

 

Incluso muchos “expertos” y “estudiosos” de estas culturas sin rastro de origen o de historia, dudan que esta parte del mundo haya concebido su propia forma de ordenarse, desconfían de la existencia de una racionalidad peculiar a este continente o a este conjunto de espacios geográficos. Esto por supuesto es una patraña, y eso es lo que aquí tratamos de combatir con la misma racionalidad negada.

 

C.- Proceso de Construcción de la Nación Contemporánea.

 

La colonia nos heredó una serie de enfermedades, el síndrome colonial es la tara más fuerte de todas. En general el proceso de irrupción violenta nos dejó un enorme pasivo, y para muchos la raigambre del proceso autónomo es el único activo que poseemos.

 

Luego de la Independencia del Perú, la construcción del país operó básicamente en las esferas más elitistas, los demás -todos los demás- continuamos viviendo igual; la nación integrada y unitaria no se logró (no se logra aún). El fraccionamiento social que vivimos en la Colonia, y luego en la República, evidenció la flagrante división entre una sociedad reconocida por la ley, y otra negada por las instituciones públicas o privadas. Así los últimos años hemos testimoniado dos naciones, la nación oficial de carácter reciente, que niega a la otra: la nación ancestral. El Perú de fines del siglo XIX, estaba diametralmente dividido entre la nación india, y la nación criolla; ambas gobernadas por un estado criollo, avalado por ellos mismos, y no así por los indios –quienes además no éramos considerados “ciudadanos”, es decir no formábamos parte de la Nación Peruana–, negados y excluidos por esta nación cultosa que nos consideraba (sic aún se nos considera) seres fuera de lugar.

 

Pero la nación de hoy, la nación contemporánea no puede ser excluyente, se trata de historia, y la historia no podemos dividirla, no es posible hacerlo; somos fruto de dos raigambres, y más, somos el resultado de ese choque civilizatorio que destruyó muchas de nuestras formas de vida, y que nos impuso otra. Pero la cultura tiene extrañas formas de tejer o de tramar su comportamiento frente a la adversidad, forja en la fragua misma que es la vida, posibles aleaciones que tiene como objetivo último el triunfo de la vida, incluso sobre la inminente muerte. Todas las culturas reproducen la vida, en todas sus manifestaciones, salvo aquellas que defenestrando su naturaleza, pretenden destruir, aniquilar, o someter a otra; cuando esto ocurre siempre se impone la que defiende la vida, pues es esta la que es connatural a su ser, la otra jamás. Este proceso de acrisolamiento cultural, de sincretismo, de mezcla, de los elementos más vitales de una y la otra, es un proceso abierto, que estamos viviendo. La nación esta allí, nosotros formamos parte de ella y todos los días la estamos construyendo.

 

II. ESTADO

 

Aquí desarrollamos el problema del Estado desde una perspectiva occidental primero, y luego basados en esta categoría, señalamos afirmaciones desde una óptica oriunda que nos pueda permitir acercarnos a acusar mejores posibilidades y contradicciones.

 

El Estado es la organización política que se sustenta en un territorio geográfico determinado; así como su razón de ser es mantener el orden sobre los habitantes de este territorio. Comúnmente el Estado esta identificado con la Ley y el Orden. Siendo sus agentes quienes hacen las leyes e imponen su observancia, uno de estos agentes es el Gobierno, aquí debemos ser muy específicos en la distinción entre Estado y Gobierno. El Estado involucra los instrumentos políticos tales como las Constituciones y el cuerpo jurídico de Derechos, las instituciones y convenciones relacionadas con la aplicación de la fuerza; el gobierno en cambio es el grupo de personas a las que se les encarga temporalmente la responsabilidad de llevar a cabo los fines del Estado, otorgándoseles la autoridad suficiente.

 

El Estado, como ente administrativo de un determinado espacio geográfico, hace su incursión en la historia del hombre, dentro de los recientes diez mil años, junto con el descubrimiento de la agricultura, la aparición de la propiedad privada, la división del trabajo, y el consecuente inicio de la diferenciación de clases sociales y sus irreconciliables contradicciones.

 

El Estado entonces quedaría definido como una creación humana, no como un acto natural; evidenciado por la necesidad social de “ordenar y organizar” la sociedad. Pero el Estado no existió siempre desde el origen del hombre, no es por lo tanto inmanente a su desarrollo.

 

Otra de las contradicciones habituales es considerar que el Estado hace su “aparición”, cuando el ser humano se “convierte” en gregario. Esta es una falacia tonta y fútil. El ser humano es gregario por naturaleza, no así el Estado, éste no es inmanente al ser humano, su ser colectivo sí. De esta última afirmación podemos colegir que existieron y existen colectividades sin Estado, no puede -sin embargo-, producirse el caso contrario.

 

Entendemos que la sociedad es una organización donde unos pocos se han apropiado y administran, lo que por derecho –vital más que jurídico-, nos pertenece a todos. Esos –pocos– son comúnmente llamados burguesía en razón de su evolución histórica; y los otros –muchos– en razón a su situación les llamaremos desposeídos [2]; en la lucha de clases se ha definido la situación social de la forma en que la conocemos; a través de toda la evolución las distintas clases que han accedido al poder lograron consolidar una forma de apropiarse del plus-producto, ahora la clase en este dominio es la burguesía, donde el Estado es su vanguardia, sus instituciones son el grueso, y el aparato militar su retaguardia o sus flancos, de acuerdo a como se requiera. El Estado esta conceptuado como una maquinaria burocrático militar, en razón que es éste el gran acumulador de violencia contenida para que una clase pueda sostenerse en el poder.

 

Cabe aclarar además lo ya argumentado por los clásicos Marx y Engels, acerca del Estado, que la burguesía intenta mostrar falazmente como el momento supremo del proceso de racionalización de los instintos; pero la realidad muestra que el Estado no es la superación del reino de la ‘animalidad violenta’, sino mas bien es la “violencia concentrada y organizada de la sociedad”, es decir una “maquinaria burocrático militar”. Gramsci profundiza el problema: el “Estado –dice– es todo el complejo de actividades prácticas y teóricas con las cuales  la clase dirigente no sólo justifica y mantiene su dominio, sino también logra obtener el consenso activo de los gobernados" [3].

 

“Todos los aparatos hegemónicos de la clase dominante forman parte del Estado; representan la dimensión persuasiva y de dirección del estado. Así, la unidad entre parte de la sociedad civil y la sociedad política constituye el estado en sentido amplio. Desde esta perspectiva el estado sintetiza las funciones de dirección o hegemonía, y de dominio o dictadura de las clases dominantes; sintetiza y cristaliza los intereses y la acción de las mismas y los defiende, ya sea a través del consenso, como aplastando el disenso por la fuerza.” [4].

 

El Estado actual esta caracterizado por servir a los intereses de una clase social: la burguesía y sus aliados; y está sostenida en la apariencia democrática, que termina siendo otro instrumento de la institucionalización del modelo capitalista, presentándose formal y legítima (soberana), pero que termina siendo el gobierno de los ricos, plutocrática, defendiendo sus intereses en desmedro de las mayorías.

 

Huelga hacer una aclaración oportuna, la naturaleza misma del Estado, es decir la razón misma de su nacimiento está intrínsecamente vinculado a la clase social poderada; todo Estado posee entonces en su esencia un carácter de clase, desde los inicios mismos de éste.

 

1.- Nuestro Estado Autónomo

 

Para poder abordar el problema del Estado, se precisa realizar un análisis histórico adecuado, que suele hacerse desde la visión occidental, y quedarse única y exclusivamente con esta perspectiva. Por esta razón nosotros nos acercamos al tema del Estado, teniendo en consideración que necesitamos no solo la observancia de su evolución occidental, que asumimos imprescindible; requerimos de un esfuerzo mayor para asumir nuestra historia autónoma, no sólo por tratarse de cuantificar los procesos y compararlos, sino como argumento necesario para la compresión del conjunto de nuestra historia.

 

Nuestro Estado nacional autónomo, con sus peculiaridades y diversidades, se vio interrumpido violentamente con el arribo de los españoles, esto motivó varias situaciones que queremos puntualizar, primero, nuestro estado nación actual es tan espurio como su capital intrusa: Lima; que fue un acto de imposición, dejando de lado el proceso autónomo de construcción del Estado nacional, con sus particularidades que obedecían a nuestras propias posibilidades, ya sea de un Estado confederado con carácter de clase igualmente de unos pocos; o un Estado diferente. Este proceso se abandonó violentamente. Segundo, la llegada de los españoles trajo consigo la importación de su lucha de clases con sus características propias y sus definiciones clasistas, esto hará que la lucha que se librara desde entonces en estas tierras, priorizara una lucha de clases ajena. Tercero, además de esta importación, la intromisión de los europeos, impondrá una nueva forma de lucha social, la cultural, la clase dirigente va a afirmar un proyecto colonial que intentará por todos los medios –legales e informales-, eliminar a los indígenas [5]frente a un proyecto incipiente de emancipación étnico-racial, primero; nacional después; y finalmente, de soberanía cultural, planteada farragosamente aún; pero en tránsito de convertirse en una propuesta integral, con doctrina y programa: cultural, económica y política, que busque la construcción de una sociedad con justicia social y en equilibrio con la naturaleza.

 

2.- Algunas características de nuestro modelo de Estado-Nación

 

La Capital con la que contamos actualmente no es un lugar geográfico de decisiva importancia, o más aún, no es un punto geoestratégico constituido por evolución histórica de los actores nativos, llámese comercio, producción, o vivienda; no es un puesto nodal de encuentro de vías comunicacionales (la ahora Lima era un lugar muy importante en lo que se refiere a culto y ritual -la importancia de este lugar en tanto era incluso asumida por el Cusco como absoluta-, se debía al lugar especial que ocupaba en el panteón de las deidades confederadas de los andes amazonía: Pachacámac); la consolidación de la colonia como proyecto integral de referencia europea, necesitaba un lugar geográfico (léase geoestratégico para Europa), para consolidar su poder optimizando la administración colonial. Así la capital actual se constituyó al calor del conjuro de la civilización occidental, y quedó sentenciada a su naturaleza espuria secular. Servil al proyecto político y económico occidental (entiéndase de Clase y Étnico-Cultural), extractivo, primario y monoproductivo.

 

Los europeos provenían de un espacio geográfico cuyas características más relevantes eran las planicies y llanuras, en concordancia con esta inteligencia implementaron su proyecto de vida agradable y solaz en la costa, estimándose desde entonces como sinónimo de desarrollo la costa; en detrimento de la sierra que era considerada como zona de exploración minera y de otros recursos primarios, sin tomarla en cuenta como posibilidad de desarrollo. La sierra quedó lapidada como sinónimo de atraso. El ejemplo más palmario que tenemos del pasado siglo veinte es bastante ilustrativo: la famosa Carretera Panamericana.

 

En la actualidad el Gasto Público prioriza a la Gran Ciudad Lima para hacerla más óptima y viable, que hacer “gastos” en las provincias. En la última década del siglo anterior (el XX) se priorizaba la construcción de un anillo periférico de 54 km., con superpistas aéreas, en Lima, que tenía un costo de 450 millones de dólares; que contrastaba patéticamente con la posibilidad de construir 20, 000 km. de carreteras rurales en el interior cuyo costo no superaba los 400 millones de dólares.

 

El centralismo al que aludimos indirecta y directamente no solo explora la situación de la capital como fenómeno de hipercentralización de su lógica interna. No. Lima es un Centro-Capital funcional a los intereses del gran mercado internacional, así la producción interna se organiza en función de lo que necesita Lima, ya que ésta ya tiene una agenda de lo que va a necesitar el mercado internacional. Así el disloque es doble, por un lado el interno y por el otro el externo, que no garantiza la oferta de lo que realmente producimos, así el mercado internacional nos dice qué sí y qué ya no.

 

El disloque interno no solo como fruto de la colonización tan acendrada en nuestras conciencias colectivas, sino en uncimiento a este yugo económico hegemónico internacional, ha dado como resultado el trastrocamiento total en todas las estructuras del Estado, en la educación, en la salud, en la cultura, en los hábitos de consumo, en la producción, etcétera, etcétera. Vivimos en una nación con un Estado espurio.

 

El Proyecto de Desarrollo hegemónico corresponde a esta racionalidad, pensada desde otros enclaves, desde otras realidades. La tarea es planear y ejecutar el Proyecto Histórico Nacional, que sea pensado desde nuestra propia realidad: ni extractivo, ni uniformemente primario, ni monoproductivo.

 

III.- PODER

 

Regularmente el poder se ha definido como el dominio, o la facultad de la que dispone un colectivo, una institución, o individuos determinados, para imponer su voluntad sobre la de los demás.

 

“El dominio o la facultad”, la jurisdicción, “capacidad para imponer su propia voluntad”; son aseveraciones que tiene una naturaleza cognoscitiva que evidencia lo que intentan definir, son afirmaciones que han sido víctimas del poder establecido, o de los prejuicios de éste. Pues, en la misma lógica planteada por la tercera tesis sobre Feuerbach, de Carlos, no olvidemos que los conceptos y categorías están hechos por hombres que piensan de formas determinadas.

 

A través de muchos acontecimientos en la historia se sabe que este poder tal como esta definido anteriormente, puede cambiar de voluntad, y repentinamente los depoderados, pueden acceder al poder ostentado por los poderosos. Estos ejemplos patentes a través de todo el desarrollo humano nos ha persuadido a definir el Poder como un conjunto de relaciones en las que se definen roles, los que mandan y los que obedecen. El Poder no es una situación determinada, un colectivo, una clase, institución, organismo, o un individuo; entiéndase por Poder en su sentido más riguroso, las relaciones de poder que se establecen en una sociedad, llámese Relaciones de Poder de Clases, de colectivos, entre individuos, etc. En este trámite de interacciones, una parte se “especializa” en tomar decisiones y otros son los que las realizan, o los que sufren las consecuencias de estas decisiones. Las relaciones disimétricas, son las que hacen del poder ese “Poder” de donde unos están arriba y otros están abajo.

 

1.- Deslindes con posiciones anteriores

 

La situación más importante que aquí desarrollamos que es la evolución de la comprensión del Poder a través de la historia trasformadora de la sociedad, no invalida que también le pongamos atención a otros problemas aludidos indirectamente. Como por ejemplo el problema cultural que consideramos también muy importante además de tratarlo con mayor atención más adelante.

 

Hasta hace muy poco tiempo, la consigna seguida por muchos partidos políticos denominados de izquierda, de Tomar el Poder Público mediante la revolución, abolir el Estado y luego, levantar uno nuevo denominado proletario que pueda hacer reformas o revoluciones sociales sustantivas; eran cosa que se suponía una verdad absoluta e indiscutible. Zanjado el problema del poder de este modo, planteaba como una necesidad insubstituible, expugnar el poder público o asirlo por medios pacíficos, llámese parlamentarios u otros. Era -y aún lo es para algunos círculos-, indispensable pensar en estas únicas posibilidades para acceder al Poder Público.

 

El Poder –desde el punto de vista “marxista” –, es una discusión que se considera saldada, acabada, definida y definitiva. Sin embargo tenemos que decir que respecto de estas prejuiciadas consideraciones, acerca de la concepción del Poder, nunca estuvieron acabadas ni en obra ni en vida de los que plantearon la teoría elemental que ahora nos permite afirmarnos socialistas. En un análisis más concienzudo encontramos que el problema del poder no se halla resuelto en el Manifiesto Comunista, es más ni siquiera se lo toma en cuenta como un elemento sustantivo. Allí, en el Manifiesto, se señala la Toma del Poder del Estado, pero se plantea de un modo abstracto.

 

No es hasta la Comuna de París, que tanto Carlos como Federico, van a reparar en la importancia sustancial de la Cuestión del Poder, no se trataría solamente que la clase dominada tome posesión de la maquinaria estatal existente, se trata de destruir el poder burgués y luego constituir otro aparato, de naturaleza proletaria.

 

Hasta aquí el análisis social caracterizaba a la sociedad (nación) como un conjunto de clases sociales, de donde el Estado es producto y manifestación del carácter irreconciliable de las contradicciones de clase. El Estado es el aparato burocrático militar que defiende los intereses de una clase social determinada. Nada se evidencia acerca de la diversidad étnica o cultural, nada se advierte sobre la posibilidad de que el Estado contenga en si mismo una identidad étnica o cultural determinada, y que por allí también se exprese otra contradicción (¿menos irreconciliable o más conciliable? Pero igual existente).

 

Luego, andando en el tiempo, Lenin, va a advertir que el Estado tiene mucho que ver con la naturaleza misma de la revolución, y va a caer en la cuenta que tanto uno como el otro son de naturaleza compleja pero asociada íntimamente. Solo a través de la revolución se pude destruir el Estado Burgués, y una vez destruido, pasar a formar un nuevo Estado Proletario. No se trataba de perfeccionar la maquinaria estatal burguesa sino de demolerla y de crear otra que sea capaz de atender las necesidades de las grandes mayorías y de fundar el socialismo.

 

En Lenin continúa siendo el Estado, incluso el proletario, el encargado de hacer la Nación, es decir el encargado de buscar la unidad de la Nación. Unidad que va a ser interpretada de varias formas.

 

En la Revolución China, al tomar el Poder, y construir el Estado Proletario, se imponen la tarea de asumir que este Estado tiene como débito social, resolver las contradicciones que se presentan en la China de ese momento, luego de pasar por adoptar medidas económicas y políticas, se instituyó un movimiento de masas que quería lograr recuperar el espíritu revolucionario que se pensaba perdido, y al mismo tiempo homogenizar la sociedad China con la ideología del proletariado. Sufriendo las consecuencias la diversidad étnica y las nacionalidades (denominadas minorías), las poblaciones religiosas, entre otras. El objetivo era claro: uniformizar bajo una sola “cultura revolucionaria” toda la naturaleza de la nación, de una nación que denuncia milenarias diferencias culturales, así como naciones diversas.

 

Aquí ya se evidencian otros problemas. Primero, el Estado (Revolucionario o Burgués) es el que “hace” la Nación; segundo, la única contradicción al interior de la Nación la forman solo los antagonismos de clase.

 

Finalmente cuando Fidel Castro llega al Poder, al Estado Burgués transformado en un Estado Revolucionario no le va a ser necesario emprender una Revolución Cultural, para homogenizar las identidades étnicas y culturales, pues su Nación esta en un franco proceso de acrisolarse culturalmente e incluso étnicamente. Sus contradicciones principales van a ser de otra naturaleza.

 

IV.- DIVERSIDAD

 

1. Mega biodiversidad:

 

Como ya hemos desarrollado en varias partes del presente opúsculo, la diversidad constituye en los Andes-Amazonía el principal potencial y recurso elemental más adecuado para su sistemática prospección y desarrollo actual. El pasado nos invita constantemente a vivenciar y trabajar en base a este elemento de importancia crucial en este territorio.

 

Prescindimos de largas y sostenidas planicies o climas templados; más bien somos ricos en pisos ecológicos y más, observamos en nuestro territorio miles de climas y temperaturas, diferentes unas de otras, incluso cuando la identidad sobre el nivel del mar es equivalente; estas diferencias se explican solo en tanto se entienda que la cordillera ha forjado estos “laboratorios naturales” a todo lo largo y ancho de su extensión. La costa, franja angosta que esta determinada por peculiaridades climatológicas y productivas, es una excepción con sus propias eventualidades, como el factor océano y sus consecuencias (Fenómeno del Niño, entre otros). La sierra y la selva, íntimamente ligadas, poseen singularidades que solo pueden ser apreciadas tanto económica-productiva, como cultural y socialmente a través de la diversidad.

 

Los antiguos andino-amazónicos lograron crear una rigurosa y metodológica observación de diálogo e interacción con el medio, obteniendo resultados asombrosos de reciprocidad con sus condiciones materiales de existencia; así tenemos miles de variedades de papas, de maíz, de oca, de ollucos, de frutales, de hortalizas, de cereales, de menestras, de ingesta de minerales (chaco, cal, etc.). Del mismo modo se alcanzó una asombrosa diversificación de animales domésticos, como llamas, alpacas, cuyes, entre otros recursos pecuarios, todos estos cuidadosamente seleccionados y manejados a fin de obtener óptimos rendimientos tanto de sus lanas, como de sus carnes y cueros, o utilizados como animales de carga. Cabe destacar aquí que el manejo de variedades permitió maximizar sus productos: lana más fina, carne más proteínica, entre otros beneficios. Nuestros antepasados alcanzaron una dieta variada y balanceada con añadidos nutricionales sorprendentes, disfrutando de una increíble cantidad de condimentos con uso saborizante y medicinal a la vez. Huelga observar con sumo detenimiento el valor extraordinario de la coca en la producción y en múltiples sentidos, digestivos, energéticos, metabolizadores, nutritivos; la mama coca también acusa variedades. Hubo además todo tipo de plantas medicinales para cada una de las complicaciones y enfermedades que se presentaban. Enumerar todos los alcances de nuestras sociedades ancestrales sería un acto cuantitativo excluyente y dejaría de lado la razón de fondo fundamental: la creación. La creación heroica de muchos pueblos y naciones que comparten un territorio común hostil, accidentado y quebradizo; de suelos pobres y de climas variados; solo les quedó una alternativa: la creación. Pero la creación en diversidad involucra una conciencia firme y decidida.

 

Los andino-amazónicos antiguos eran sumamente creativos porque estaban imbuidos de diversidad, estaban convencidos que la diversidad era su principal motor de desarrollo social y ecológico; su epicentro mental y de actividades estaba mediatizado por la diversidad; su mentalidad estaba poseída por la diversidad, de allí, que a la “llegada” de los europeos, estos sentenciaran a nuestros hermanos como “poseídos por el demonio”, nos demonizaran y declararan monstruos. Lo éramos y aún lo somos: monstruos. Monstruos de la diversidad, monstruos creadores en diversidad de más y mayor diversidad. Era algo que los medievales no entendían, felizmente ahora no hay medievales (¿o sí?).

 

2. Multiculturalidad y Diversidad:

 

Desde hace más de medio