Simón Yampara Huarachi

Tunupa Vaga pero Vuelve

Por Pablo Cingolani

 

Me cebaste Restrepo con tus historias de Simones fastos y Simones nefastos, y con nuestros Rodolfos y, en especial, con nuestros Tunupas. Me cebaste y éste, te aseguro, es mi último envío de la noche. Es una foto donde estamos con Germán y su mujer (que lo abandonó… a los chamanes, también les pasa). Estábamos celebrando el Año Nuevo Andino, el Inti Raymi, el solsticio de invierno, el 21 de junio, si mi cronología no falla será el 5507 o 5508 de esta era de la humanidad andina, 1998 o por ahí del calendario gregoriano, en un lugar conocido como “La Verdad de la Verdad” (esas piedras que nos amparan son parte del sitio) y es tan fuerte el recuerdo que promoviste (en empatía con la invitación a Roque a volver al volcán, de volver en suma a “La Verdad de la Verdad”), que debo contar, debo contarte, debo contarles…


El Qhathu/ Feria de la 16 de julio: Pulmón -Corazón de la ciudad de El Alto[1]

 Simón Yampara H.

Asesor de Gestión Cultural del Gobierno Municipal de El Alto GMEA

simonyampara@gmail.com

 

Todo espacio territorial tiene su propia memoria, que expresa la memoria de la naturaleza en interacción con las energías de su pueblo, eso es saber leer e interpretar el lenguaje, la iconografía y la simbología de las toponimias naturales, la memoria de la naturaleza, de su pueblo,  que en el proceso histórico  usan como distintivos identitarios para encamina su destino.

En la imagen e imaginario así como se ha criado y creado de la interacción pareada de Mururata-Illimani  a Wayna Potosí,  de la misma manera la ciudad de El Alto ha sido criado y creado por la deidad natural de Wayna Potosí, las energías del lago titiqaqa y atávicamente de Tiwanaku-inkario.


 

La cosmo-convivencia andina y el ayni eco-biótico

Simón Yampara H.

Asesor de Gestión Cultural del Gobierno Municipal de El Alto GMEA

simonyampara@gmail.com

 

Ante la recomendación de ONU y el organismo JIFE respecto a Perú y Bolivia, no solo es preocupante, sino sobre todo atentatorio, genocida y etnocidiario contra los pueblos del Tawantinsuyu y del continente Abya-yala. Nos hace recuerdo a las prácticas de la inquisición religiosa colonial, con presupuestos y valores jurídicos de la invasión colonial, de dominio, control espacial y de los pueblos, actualizada, “modernizado” en el siglo XXI. Pues, los derechos de los pueblos atávicos del Tawantinsuyu, del continente Abya-yala continúan encubierto por la invasión y el “descubrimiento” de la América. ¿Por que?. Por que la orientación de la “geopolítica del conocimiento” y la “colonialidad del saber”, ven como peligro el cuestionamiento y despertar de los pueblos del Abya-yala sobre el ejercicio de sus derechos, respecto al control del territorio, los recursos naturales y por ende el negocio (mercado) de los recursos y el cultivo de la riqueza en el mundo y la región. Es decir, la nueva estrategia económica de orden alotrópico [como los sistemas de qhathus] de estos países por la composición mayoritaria de pueblos “indígenas”, donde las hojas de la coca y el pijchu/akulliku [no masticado] son parte de la cosmo-convivencia andina de estos pueblos y practica del ayni/reciprocidad de la comunidad de los mundos eco-bióticos naturales que tiene que ver con el paradigma de vida del suma–qamaña de los pueblos indígenas, que lastimosamente por el encubrimiento histórico y la “ceguera cognitiva” de los cientistas del sistema, no se entiende ni se quiere entender, pero que sin embargo, rompe y perjudica la dinámica proyectiva del pachakuti de estos pueblos. Mejor dicho, continuar con la hegemonía, el dominio de los presupuestos jurídicos y valores de la matriz civilizatorio-cultural occidental y la perpetuación del encubrimiento de los valores y presupuestos cos emergentes de la matriz civilizatorio-ancestr

 


Anata y carnaval: ¿Celebración  o diversión?

Simón Yampara Huarachi[1]

simonyampara@gmail.com

Pueblos sufridos oprimidos –tercer mundistas- desde la visión de los otros, dirían que se pasan “derrochando energías”, divirtiéndose, mejor dicho celebrando, pues ni bien terminan con el iqiqu y la alasita ya entran a la anata y carnaval. Pero hay algo que precisar y aclarar, mientras en los países llamados del “primer mundo”  las vacaciones son sagradas, aquí en los del tercer mundo al lado de la desocupación galopante y la pobreza material lacerante, por que no decir por el colonato y la explotación colonial, allí donde hay relación obrero patronal y por el auge del ciclo agrícola en las comunidades y los ayllus, no se conoce ni hay costumbre de vacacionar, aquí viene la pregunta ¿por que no son atrofiados, locos o estresados?, las respuestas pueden ser variadas y axiomáticas dependiendo de la lógica, la matriz civilizatoria cultural y el paradigma de vida que implica cada una de ellas. Lo cierto es que en los andes, sobre todo los pueblos qullana denominados hoy como originarios/indígenas cada cuatrimestre tienen una serie de manifestaciones celebratorias y una de ellas es anata/ celebración mayor a la producción, productividad, los bienes y las riquezas que se han logrado en la gestión semestral y anual del calendario agropecuario. Pero también otros se divierten en sexo, delincuencia y hasta atribuyéndose que por tradición lo hacen, sin decir a ¿que tipo de tradición se refieren, a la colonial o ancestral?. Aquí lo cierto es que la celebración se hace emulación, encuentro y tinkhu con las deidades naturales, a la indumentaria de la pachamama con variados colores del arco iris y productos que se transforman en bienes y riquezas, también, desde luego, al apareamiento de la juventud y la reproducción humana. Eso es vacacionar celebrando.

 

Entonces la expresión diferenciada anata para unos y el carnaval para otros; hoy se nos presenta acompañado con un feriado prolongado que para unos es sexo, delincuencia, tradición, para otros es celebración a la producción alimentaría, las riquezas y la reproducción humana. La pregunta es: ¿Por que de esa diferenciación?

 

La verdad es que por mucho que pregonemos procesos de interculturalismos y plurinacionalismos, más allá de los inter y pluri, están las dinámicas de las matrices civilizatorio-culturales, la centenaria occidental monoteísta aún con poses hegemónicas y la ancestral milenaria en convivencia asimétrica  en los centros urbanos  y convivencia cosmogónica en los ayllus andinos y allí donde están asentados los aymara-qhichwas.

 

Esto para los antropólogos, etnólogos y culturalistas es la expresión de una simbiosis y hasta un sincretismo de la pluralidad de expresiones culturales y el movimiento de la estética del cuerpo, libertad, libertinaje, baile y sexo gozo social. Eso para nosotros es el carnaval proveniente de la matriz civilizatoria cultural occidental. Aquí la indumentaria es mostrar la naturalidad del cuerpo físico de lo mas descubierto -¿Adán-Eva?- y provocativo al sexo, con mascaras que cubren la identidad y el rostro de la cara. Esto es un contraste con la gente proveniente de otra matriz – la andina-  que cuanto más vestidos y de variados colores es mejor, puesto que la pachamama también esta vestido de variados colores y mantos y exige que sus hijos/as estén de la misma manera.

 

Por eso, para los amwt’as, los yatiris, los chamakanis, los kallawayas y el pueblo aymara-qhichwa qullana, estacionalmente en el auge de la época de lluvias –jallupacha- tiene que ver con la maduración de producción agrícola la reproducción y engorde de ganado, las deidades naturales, los espacios de cultivo, de pastoreo –aynuqas- los sistemas de irrigación natural, el hábitat ecosistemica natural, de la Tapa, del Kuntur mamani [la casa], a quri-tapa, qulqi-tapa/ deidades del oro y la plata, de la reproducción de la riqueza, de puquturu mama puquturu-mallku/deidades de la papa macho/hembra… Es la mayor celebración del calendario agropecuario [con chhalla] a la maduración de la producción de alimentos, de los bienes y las riquezas, de la vivencia convivial y el apareamiento de la juventud. Es una celebración cosmo-convivencial que dura todo el mes de febrero, se inaugura los primeros tres días en este caso del mes de febrero que termina en la semana de tentación, guiados y orientados por tinkus, bailes intercomunitarios –encuentros inter-ayllus en la marka- como el phujllay de los Yamparas, a fin de encaminar las energías hacia el paradigma de vida del suma qamaña, puesto que hasta las deidades naturales, como la pachamama está cubierta de  indumentaria con variados colores, proveyendo de productos y bienes transformados en  riquezas también deidalizadas como quri-tapa, qulqi-tapa/ nidos de oro-plata, desde luego, también está destinado al apareamiento de la juventud y la reproducción humana. Esta dinámica esta acompañado de una serie de coplas e interpretación de música  comunitaria con instrumentos  nativos como la tarqueada, la mozeñada, las zampoñas y eventualmente los charangos.

 

Entonces como verán, cuidado con las lecturas de sincretismos, simbiosis, iner y pluriculturalismos que aún se resisten a entrar a lecturas de las matrices civilizatorio-culturlaes  y la convivencia de los mismos,  que solo describen el estilaje o exhibición del cuerpo, diversión, sexo y actos delictivos, sobre todo consumo del alcohol, eso es la manifestación del carnaval [jugar con la carne del cuerpo embriagados], pero encubren -como la propia expresión de la matriz ancestral milenaria-, la celebración a la producción alimentaría,  el ayni/reciprocidad con las deidades naturales, de empatía entre la indumentaria de la pachamama con la indumentaria de la gente de los pueblos… Sin embargo, todos parecen  emular y simular la anata y el carnaval como sinónimos o camino a la simbiosis societal y un mestizaje hibridado, con poses de simbiosis e interculturalismos, de encubrimiento del racismo colonial. Eso es continuidad colonial monoteísta, teocentrista y encubrimiento de procesos y dinámicas de descubrimiento del otro, de los pueblos qullana con sus valores y virtudes que por la lógica y practica convivial  quieren forjar un encuentro, un t’inkhu, para lograr el respeto mutuo, entre gentes provenientes de las diferentes matrices civilizatorio-culturales,  por tanto, intercivilizatorios,  en procesos conviviales y de armonía.

 

 

Jallalla,  la celebración convivial,  1° de febrero 2008

 


Iqiqu y Alasita [24 de enero de cada año]

Simón Yampara Huarachi[1]

simonyampara@gmail.com

 

Luego de la celebración de la navidad y año nuevo, La Paz – El Alto celebran anualmente al Iqiqu con la feria de Alasita que regularmente tiene un mes de duración. 

 

Ahora la pregunta es a ¿que cosa celebran?, ¿celebran o mercantilizan las deidades?, una primera aproximación es a las deidades de la producción y la economía de los Pueblos, una segunda es a la lógica mercantilista del sistema del capitalismo. Esto depende, cual es la pertinencia de la lectura de las matrices civilizatorias que se tiene, pues en nuestro medio conviven la matriz civilizatoria ancestral milenaria de los Pueblos andinos [encubierto] y la matriz occidental centenaria [más trillada y vigente] que tiene su origen en la invasión colonial. La celebración al iqiqu con la feria de la alasita debe entenderse como  la expresión de esa convivencia de matrices civilizatorio-culturales, más que paganismos y acciones fuera de la vida y lógica económica.

 

Recordemos que la economía alotrópica y atávica de los Pueblos andinos –Qullana- , funciona a través de los qhathus/ferias, semanales, semestrales y anuales y éstas a su vez obedecen a la práctica de la triada: Talleres/centros de producción, qhathu/ferias, qhachwa/celebración (ver Yampara et. al [2007] La cosmovisión y Lógica en la dinámica socio-económica del qhathu/feria 16 de julio, [2008] Matrices de Civilización en imprenta), donde están mas desarrollados sobre esta problemática económica.

 

Ahora  las palabras iqiqu y alasita, son dos palabras aymaras que tienen que ver con la articulación de las deidades de la producción  y la puesta de los productos en los qhathus. La cadena y la jerarquía de los qhathus son parte del imaginario y las deidades espirituales  de la cosmo-convivencia andina y de los qulqa/almacén de los recursos naturales y su complemento las riquezas, qalqu/ cifración, contabilización de esos recursos y riquezas; y los Tampus centros de acopio y hospedajes de los productos, las riquezas y de los concurrentes a los qhathus. La palabra iqiqu son familiares a las palabras qulqa-qalqu, que tiene que ver con la cantidad de recursos y riquezas simbólicamente representadas en miniaturas que son una especie de representación de illas de las riquezas que se pone en el qhathu para la venta. Eso es alasita/cómprame, productos y  riquezas con energías espirituales, que simboliza tu futura riqueza a tener.

 

Desde los ayllus andinos conocemos que en este periodo de jallupacha/época de lluvias se produce la maduración y engorde de ganado a este proceso hacen rituales de ferias de waratat-illa/desparramar las energías de las deidades de la producción y la riqueza, que bien puede ser una simulación a illapa/rayos que caen en esta época de lluvias, que en su recorrido descomponen [waratat –illa] y recomponen [jikillat-illa?] que por los concurrentes a ese acto de celebración, deben comprar con pedazos o restos de jikillat-illa/ alfarería de ceramios. Es decir, las energías de las deidades se recogen/alasitawa/se compra con jikillat-illa en el qhathu de waratat –illa. Allí los concurrentes al adquirir retornan al ayllu y sus familias cargado de los productos y las riquezas, que por el peso de la maduración acelerada hasta se enaniza. Esa representación sería el iqiqu y la alasita es la feria ritual de compartimiento y esparcimiento/redistribución  de las energías de la producción y riquezas naturales provenientes de la pacha-mama [productos agropecuarios y no agropecuarios]. Taqi-qata/ parte de un todo.

 

Ahora la pregunta es, ¿cómo se mantiene esto, o en que medida se ha modificado/alterado?

 

Es más así como en el qhathu de la 16 de julio, conviven sistemas y estructuras económicas provenientes de la matriz civilizatorio –cultural ancestrales y occidentales centenarias. En la alasita se reproduce ésta, pues los concurrentes van según su pertinencia identitaria-matricial,  la lógica económica  y el paradigma de vida que ambos implican. Por eso hay que ver con mucho cuidado las notas periodísticas que tergiversan antes que ayudar a entender como eso de “dios de la abundancia”, mas bien, es un icono y simbolización del imaginario de la producción y la riqueza que denotan el esfuerzo predominante de recursos procesados de los pueblos qullana [aymara-qhichwa].

 

Así, la celebración al iqiqu con la alasita, nos muestra el interesante circuito de una estructura económica que conlleva valores agregados:

1) Producción natural de la tierra/ Pacha-mama, 2) Producción procesada de la gente/jaqi, 3) Feria expositiva de la producción, 4) Comportamiento y redistribución productiva.

 

Esto nos indica que el iqiqu indica acrecentar los valores agregados y valores fabriles de las comunidades y los pueblos. Traducido puntualmente es el símbolo de la industrialización fabril, y procesamiento de las industrias alimentarías en general y alasita/ cómprame, quiere decir mutar/trocar entre los concurrentes energías simbólicamente materializadas, donde circula  las energías de taqi-qata/parte de un todo.

 

Altu-pata, [Jallu-pacha], 14 de Enero 2008

 

 

[1] Aymara/qullana/sociólogo, investigador de la cosmo-convivencia andina, Asesor de Gestión Cultural del Gmea.