Tunupa

Tunupa Vaga pero Vuelve

Por Pablo Cingolani

 

Me cebaste Restrepo con tus historias de Simones fastos y Simones nefastos, y con nuestros Rodolfos y, en especial, con nuestros Tunupas. Me cebaste y éste, te aseguro, es mi último envío de la noche. Es una foto donde estamos con Germán y su mujer (que lo abandonó… a los chamanes, también les pasa). Estábamos celebrando el Año Nuevo Andino, el Inti Raymi, el solsticio de invierno, el 21 de junio, si mi cronología no falla será el 5507 o 5508 de esta era de la humanidad andina, 1998 o por ahí del calendario gregoriano, en un lugar conocido como “La Verdad de la Verdad” (esas piedras que nos amparan son parte del sitio) y es tan fuerte el recuerdo que promoviste (en empatía con la invitación a Roque a volver al volcán, de volver en suma a “La Verdad de la Verdad”), que debo contar, debo contarte, debo contarles…

 

La Verdad de la Verdad

 

Voy a contar una historia (cómo pueda), una historia que puede resultar por partes incomprensible o a veces laberíntica para algunos, tal vez porque para contar todo el contexto de esta historia precisaría de un tomo y no es el caso; contaré una historia o trataré: déjense guiar por el corazón, ya que esta es una historia de sentimientos que se conjugan, atravesando la historia, de fuerzas que buscan complementarse, de abrevar y atesorar la energía del cosmos para que nos guíe y anime y nada más.

 

Vean la foto que adjunté: allí está Germán Nina, el yatiri (el que sabe, el que entiende, el que enseña) de la comunidad de Jirira, situada entre un volcán y un salar, el lago salado más grande del mundo (se ve desde el espacio sideral; tiene 12.000 km2; es la mitad de la provincia de Tucumán, un mar petrificado y blanco como el albatros de Coleridge; trataré de no desviarme demasiado, trataré…). Jirira es una aldea perdida en el desierto, veinte casas, y esa luminosidad resplandeciente que lo inunda todo cuando no la azotan vientos inclementes o lluvias de rayos. Las piedras que nos rodean son parte de la waka (el adoratorio a la Madre Tierra) más importante de Jirira, y de todo el Altiplano Sur (hay un trabajo mío que bien puede complementar esta chorrera emotiva, busquen en http://bolpress.com/art.php?Cod=2002078834, está muy malo –le faltan las notas al pie de página, destacar los entretítulos y aparte al editor se le ocurrió incluir eso de “nuevos destinos” (?)); la waka son esas piedras y el volcán (adjunto foto también, no me queda otra que mostrarlo) y el salar que está a los pies del volcán que es el salar del cual contaba antes…

 

Recordé y las acabo de escanear: son tres páginas de mi más querida de las bitácoras donde está escrito el principio de la historia dentro de la historia de la foto. Hagan el esfuerzo por leerlas (es mi escritura pura y dura; como casi-casi ahora) y ahí digo que: me puse a meditar escribiendo en el salar, sentado en el salar (recuerdo a Kusch: estar sentado, ¿quién se banca estar sentado? Para los que no son argentinos, como mi entrañable Gabriel que es colombiano: banca es aguanta); de allí, Carlos (No era Juan, querido Gabriel: era Carlos) deja de hacer chuño y me trae el libro, el libro del Milla Villena (comentario: los peruanos se enloquecen con Bolivia porque saben, saben digo, que aquí está la verdad y no en la actual República del Perú, en nacionalismos hablando; sobre todo porque el Incario, como vos bien notás con el tema de la tensión dialéctica (¿?)-complementaria entre Tunupa y Viracocha, es cierto: el viracochaísmo es construcción de poder, solar y único; Tunupa es lunar, errante y solitario, vagabundo, irradiador e incomprendido: el verdadero culto de la hondura andina, somos Tunupa en el estar-siendo, estamos en Tunupa por lo mismo; no estamos en ningún otro saber-poder: es la piel y la entraña de la profundidad de América… allí nos encontramos con el ajayu (alma) de Rodolfo que se murió por esa anomia eterna de los argentinos que siempre han condenado la diferencia (armada o no); Argentina como Chile, los dos países que más postergan a sus indios; los dos gobernados hoy por mujeres –lunares, inevitablemente pero- que son más insensibles a los clamores indígenas que ninguno… ¿hasta cuando? ¿Hasta cuando negar la raíz y el sentido cósmico de pertenencia y estar-siendo que nos hace nosotros en este mundo que tu mejor que nadie sabes describir/analizar/diseccionar? (para los no colombianos: Gabriel es uno de los sociólogos/escritores/algo de lo más aborrecible que tiene el poder en Colombia; un ser a-leve; un Quintín Lame con la Enciclopedia incluida -¡Cómo sabés, Restrepo! De ese saber que no abunda porque es un saber para los sentados, para los que estamos, es un saber tan tuyo y tan colombiano. Digo: un saber colombiano porque, mano al pecho, en Colombia hay muchos que saben y son pocos los que no; al revés de la Argentina donde todos no saben y algunos creen que saben… y no saben nada. Por eso, lo ningunearon a Kusch. ¿Será porqué con nosotros convivió Juan Domingo y a ustedes les mataron a Gaitán? Digo y sigo: y como les mataron al padre potencial de la nacionalidad irredenta, ¿tuvieron que ser ustedes mismos? 60 años sin Gaitán, ¿son lo mismo que 34 sin el Viejo que hizo que el 51 % del PIB nacional argentino sea de los trabajadores? ¿Porqué vos vas a contarles de Kusch a los campesinos de tu patria/matria (de esto hablaba Huasi, será?, un poeta sí, Julio Huasi, un poeta desaparecido por los milicos, asesinado por los milicos: hablaba de matria) cuando en la Argentina nadie se acuerda de Kusch y los tobas se siguen muriendo desnutridos y los ranqueles piden por su tierra y nadie les tira bola? Viracocha (transfigurado y con tetas) al poder; no Tunupa: el sigue vagando y errando por los campos, por las latitudes arrasadas por la soya y el desprecio neoliberal por la tierra (otra que los fisiócratas), por no haber sentido lo que se sufre por ese desarraigo de la tierra, esa negación a la tierra, a la Madre Tierra como Reina, Rectora y Razón de la existencia, el estar… me fui al carajo (suena Plegaria para un niño dormido…)

 

Soy una especie de Forrest Gump de los Andes, Gabriel…

 

Que nadie/nadie despierte al niño

Que siga soñando felicidad…

 

Ya no puedo escribir más. La historia de LA VERDAD DE LA VERDAD está entrevista en la secuencia de esos papeles escaneados (es, en verdad, una película nomás escrita, falta rodarla o contarla pero hoy no…)

 

Te abrazo

 

Como a Florencia, a Marani, a Roque, a Juan Manuel, a todos aquellos, A TODOS a los que llegue y lean este ¿texto? (si se atrevieron hasta aquí, mis bendiciones!!!)

 

TUNUPA VUELVE

VAGA PERO VUELVE

Entre la verdad y lo que no es verdad, solamente hay una cosa: y lo que no es.

 

Celebrando la Vida

 

Pablo Cingolani

 


Reflexiones de Simón Yampara a Tunupa Vaga y Vuelve


Pablo Cingolani  

Pablo Cingolani